El Consejo General de la Psicología recuerda, con motivo del Día Internacional de la Mujer, celebrado el pasado 8 de marzo, la importancia de la Psicología Educativa como herramienta para trabajar los valores de igualdad en la infancia y en la adolescencia. La presencia de estas y de estos profesionales en los centros educativos es una antigua reivindicación que cubra vigencia ante los datos extraídos en recientes estudios sobre la juventud que nos indican que pese a haberse suavizado algunas discriminaciones sexistas, aún queda un largo camino por recorrer en materia de igualdad de género.

Este 2015 arrancaba con un estudio del CIS que acostaba datos tan preocupantes como estos: uno de cada tres jóvenes del conjunto del Estado (entre 15 y 29 años) considera normal controlar su pareja en cuanto a horarios, relaciones con amistades o familia; un control que se extiende a temas como los estudios o el trabajo y que llega incluso a decirle lo que puede o no hacer. Además, su percepción de las desigualdades de género es menor que entre el resto de la población. En cambio, sí que existe un mayor rechazo a la violencia de género, y siete de cada diez jóvenes manifiesta como una actitud inaceptable el control de la vida de la pareja. Esto nos indica un desconocimiento y una normalización de comportamientos que no debe ser aceptada y que nos conduce a un contexto en la que la violencia de género se justifica y se tolera.

Y si vamos a edades más tempranas, los datos son más preocupantes todavía, como vemos en las conclusiones obtenidas en el informe Jóvenes y género. El estado de la cuestión, elaborado por el Centro Reina Sofía este mes de febrero. Uno de cada tres hombres de entre 12 y 24 años justifica las agresiones machistas porque algo habría hecho a la víctima; un porcentaje que se mantiene entre aquellos que piensan que la violencia contra la mujer pertenece al ámbito familiar y no debe salir de ahí.

El trabajo ya en la infancia y sobre todo en la adolescencia es crucial para atajar la problemática de la desigualdad de género, que como cada año, el 8 de marzo nos recuerda que no está para nada conquistada. Esa desigualdad es la base sobre la cual se sustenta la violencia contra la mujer. Desde las instituciones deben promocionarse mensajes de igualdad y de rechazo de la violencia también a los hombres y sobre todo, a la juventud, y ofrezcamos una imagen de mujer empoderada y no victimizada.

Y por supuesto, la igualdad y la erradicación de la violencia contra la mujer tienen que formar parte ineludiblemente de los currículos formativos de los profesionales implicados en este ámbito, como la salud, la abogacía, etc. Asimismo, en los centros educativos tampoco hay adjudicaciones horarias ni desarrollos curriculares concretos en materia de igualdad o de prevención, quedando a la buena voluntad del profesorado comprometido y militante. La figura de la psicóloga o psicólogo educativo sería un medio excelente para desarrollar este cometido en los centros escolares, trabajando aspectos como la educación afectivo-sexual, la igualdad, la gestión de las emociones, etc. Solo educando en valores de igualdad desde la primera infancia conseguiremos erradicar los comportamientos sexistas y la violencia de género.

Publicado: 10 de Marzo de 2015