Cada cierto tiempo, vemos que algún adolescente crea un producto tecnológico revolucionario o que personas muy jóvenes se destacan notablemente en algún campo, ya sea científico, tecnológico, musical, etc. 
Lo que para muchos es extraordinario, para los científicos no lo es tanto, es más, se podría decir que es lo normal. Veamos porqué.

Desde que existe la criminología como una ciencia, quienes la estudian saben perfectamente que entre los integrantes del sexo masculino existe la “curva de riesgo”. En toda la historia de la humanidad, en todas las sociedades, la tendencia a tener comportamientos riesgosos (entre ellos a cometer delitos) aumenta rápidamente en la adolescencia temprana, con picos hacia el final de la adolescencia y los primeros años de la adultez. Disminuyendo rápidamente entre los 20 y 30 años y estabilizándose en la edad adulta. 

Curvas de riesgo y genialidad

Pero esta curva no se limita sólo a conductas riesgosas, la curva de la genialidad es prácticamente igual que la curva de riesgo. 
La productividad o expresión de genialidad aumenta rápidamente en la adolescencia, con un pico en la adultez temprana, disminuyendo paulatinamente durante la edad adulta. 
Este mismo perfil caracteriza a todo el comportamiento público masculino, para que sea percibido por sus potenciales parejas románticas y además, tratará de que no esté al alcance de sus competidores sexuales.

Bill Gates es ahora un respetable hombre de negocios y filántropo, pero ya no es un genio de la informática. Paul Mc Cartney no ha escrito una canción de éxito en décadas. Mozart compuso sus mejores óperas antes de los 25 años. Sergei Brin y Larry Page tenían 24 años cuando registraron el dominio Google en 1997. Orson Welles escribió, produjo, dirigió y protagonizó Ciudadano Kane a los 26 años.

Solo una teoría puede explicar la productividad, tanto de genios como de quienes asumen conductas riesgosas durante el curso de su vida: desde la delincuencia a la genialidad, todas son expresiones de competitividad entre hombres jóvenes, cuyo resultado final es aumentar el éxito reproductivo.

Sin embargo, el costo de la competencia se eleva cuando un hombre tiene hijos, ya que sus recursos y energía serán utilizados para brindar protección e invertir en su descendencia. 
El nacimiento del primer hijo, por lo general, ocurre varios años después de la pubertad, ya que los hombres necesitan un tiempo para hacerse de algunos recursos y conseguir una pareja. Por lo tanto, hay un intervalo de varios años entre el aumento de beneficios y de costos. 
Posteriormente, la productividad disminuye a fines de la edad adulta, ya que el aumento de costos anula sus propios beneficios.

El hombre, por naturaleza, es mucho más competitivo cuando percibe que tiene grandes beneficios y bajos costos.

Hay mecanismos psicológicos en el cerebro masculino que lo inclina a ser cada vez más competitivo inmediatamente después de la pubertad y se torna menos competitivo justo después del nacimiento de su primer hijo. En este punto, el hombre disminuye notoriamente sus deseos de llevar a cabo comportamientos que impliquen riesgos.

La similitud entre genios precoces, quienes cometen delitos y de hecho, todos los hombres a lo largo de la historia evolutiva, apunta a lo mismo: el sexo femenino.

A lo largo de toda la evolución de la raza humana y hasta el día de hoy, los hombres que no tienen tendencia hacia conductas delictivas o violentas, demuestran su competitividad con actividades creativas.

Para terminar

Los hombres han tenido que ganar batallas, guerras, escribir libros superlativos, componer sinfonías majestuosas, pintar maravillosos cuadros, hacer grandes descubrimientos científicos, tocar en bandas de rock, hacer aplicaciones informáticas geniales, con el fin de conmover a las mujeres y así poder tener relaciones con ellas. 
Como dijo George Orwell, los hombres han construido, destruido y vuelto a construir civilizaciones enteras, con el fin de conquistar al sexo femenino.