Reflexionando sobre cómo debía plantear la respuesta a esta pregunta me surgió la posibilidad de que tuviera una trampa subliminal: ¿Realmente nos preocupa saber si el sueño es un estado especial consciente, porque evidentemente la vigilia es así, o estamos interesados en algo más indetectable que se podría expresar con la duda de si la realidad es el sueño o el sueño, la realidad?

¿Viviendo la realidad del sueño mientras un observador les contempla desde la irrealidad de su mundo consciente? Parece que va a ser que no (Wikimedia, CC BY 2.5)

Siento tener que defraudar a los partidarios del segundo enfoque ya que, según mi opinión, los sueños son realmente lo que a veces experimentamos cuando dormimos, muy distinto al estado que experimentamos como “despierto”.  Y lo argumento con el hecho de que sueño y vigilia, tal como normalmente se conocen, son estados medibles, caracterizables y controlables, mientras que las experiencias oníricas son inconmensurables, caóticas y con vida propia ¿Es este caos la realidad y la medición una ficción? Aplico la prueba de la navaja de Ockham y me dice que la medición me explica muchas cosas, todo mi macro y microcosmos perceptible durante la vigilia -incluso me permite bucear en el mundo físico del sueño-, mientras que el mundo de los sueños no me explica nada. Es más plausible que la vigilia sea la realidad y el sueño una invención neuronal.

Podremos argumentar que la vigilia también es un constructo cerebral. Sí, pero sometido a la modulación de las señales que le llegan del exterior, cosa que no pasa con los sueños, como veremos un poco más abajo. La vigilia necesita una maquinaria y un exterior; los sueños sólo la maquinaria. Una maquinaria que se acaba con la muerte del organismo del soñador, mientras que el exterior le perdura. Insisto, desde mi punto de vista es más plausible que la vigilia sea la realidad y el sueño una invención.

Dicho esto, pasemos a intentar desarrollar el primer enfoque basado en la calidad de percepción durante los estados de sueño o vigilia. Y más concretamente, durante el sueño. Sabemos que estamos despiertos, pero ¿sabemos que estamos dormidos?

Ante todo diré que del sueño sabemos algo… pero no todo. Sabemos qué pasa durante el sueño, pero no sabemos muy bien por qué pasa y para qué pasa. Como dice el neurólogo Francisco Mora en su libro ¿Cómo funciona el cerebro?… “No hay todavía una contestación clara y satisfactoria a todas estas preguntas”.

El sueño es un estado funcional provocado por determinados circuitos neuronales que generan los ritmos circadianos -normalmente de ciclo diario-  que sigue nuestra fisiología. Tiene generalmente que ver con el nivel de luz percibido por la retina, que es percibido por un pequeño núcleo del hipotálamo, el núcleo supraquiasmático, que a su vez lo interpreta y envía un mensaje a la glándula pineal, la cual incrementa por la noche la secreción de la hormona melatonina. Una de las estructuras cerebrales que se ven afectadas es lo que conocemos como sistema de activación reticular, que se encarga, entre otras cosas, de la regulación del estado de vigilia. Es una estructura evolutivamente muy antigua, como es fácil de entender, y se encuentra situada en la parte inferior del cráneo, al poco de adentrase la médula espinal en el cráneo.

Y así caemos en estado letárgico, en brazos de Morfeo, hipnotizados por nosotros mismos. ¿Qué pasa cuando cerramos los ojos y desaparecemos en la neblina de las cada vez más difuminadas somnolencias?

Lo hemos medido. A lo largo de las horas de sueño se producen unos ciclos que tienen el siguiente perfil: Iniciados por una caída progresiva hacia un estado de sueño profundo para, una vez en él, reactivar el cerebro y pasar a un periodo en el que se sueña. Quizás os suene la fase de sueño REM –Rapid Eye Movement-, en español MOR -Movimiento Ocular Rápido-, que es como conocemos a este  estado funcional cerebral. Este ciclo de caída al sueño profundo seguido por el de REM se suele repetir unas cinco veces durante la noche, cada vez con un peso mayor de la segunda parte.

Fases del sueño (dormir.org.es, CC BY-NC-ND 3.0 ES)

Durante el sueño profundo el cerebro no se para, sino que parece que adopta un funcionamiento coordinado y rítmico, un suave ondular de baja frecuencia –de 1 a 4 veces por segundo-. Sorprendentemente, en algún momento, en este estado de beatífica quietud funcional, salta la tormenta. El ritmo del baile neuronal se acelera, llegando a observarse en el encefalograma del dormilón un patrón de vigilia, a 40 ciclos por segundo. Pero no está despierto, sino que ha entrado en la fase de movimientos oculares rápidos. Y ahora sí que comenzamos a soñar. ¿Qué relación tiene una cosa con otra? No lo sabemos, pero suele ser así.

Durante estos momentos en los que soñamos le sucede alguna otra cosa curiosa al cuerpo. Por un lado, se inhiben las entradas sensoriales. No quiero decir que el cerebro no “oiga”, ni “vea” lo del exterior… realmente al cerebro le llegan las señales sensoriales pero las detiene, les impide participar en las historias que van a tener lugar durante los sueños, muy al contrario de lo que sucede cuando estamos despiertos. No van a tener un significado funcional. También dice STOP a los gestores neuronales de los patrones de movimientos: ¡corred, volad…! pero sin que se muevan los músculos. Y así sentimos que corremos y volamos sin saltar de la cama por la ventana. Tenemos, pues, clausuradas las puertas de entrada y salida del cerebro, que queda en modo isla dispuesto a jugar a lo que realmente le gusta: fabular.

Pero antes aún tiene que acomodar sus estructuras. Durante la fase REM algunas partes del cerebro directamente implicadas en la regulación de las emociones, como las cortezas cingulada anterior y la prefrontal orbital, así como el núcleo central de la amígdala, se reactivan hasta alcanzar niveles de excitación similares o superiores a los que desarrollan durante la vigilia. En contraste, encontramos prácticamente desactivadas algunas partes de la corteza prefrontal que se dedican a la gestión de la memoria a corto plazo y de la coherencia de nuestras decisiones racionales. Podemos entender ahora el porqué los sueños son como son, resultado de una fabulación del cerebro que se ve impulsado por un mundo de emociones absolutamente desinhibidas por los circuitos racionales.

El cerebro crea su mundo en base a sus propios procedimientos internos y a los datos que tiene almacenados en sus estructuras de memoria. Crea un mundo prácticamente unitario, en donde todo se puede confundir, transmutar o fusionar en un instante. Tiempo o espacio no tienen un valor estable. Un mundo donde la componente emocional es decisiva, con un gran peso en la sensación de ansiedad. Realmente vemos colores, olemos olores, gustamos sabores, oímos sonidos, percibimos la realidad de nuestro cuerpo aunque de una forma casi ectoplasmática… e incluso, y eso es realmente la experiencia de uno de mis sueños, sentir la experiencia de otro sueño como parte del sueño real.

“La persistencia de la memoria”, pintura de Salvador Dalí, representación de un sueño que el propio autor había experimentado (MOMA, fair use)

El psiquiatra Allan Hobson comentaba en su libro States of mind: “… los ensueños son simplemente la conciencia subjetiva de un producto de la activación espontánea del cerebro durante el sueño”. Esta claro que, dentro de la inconsciencia con la que vivimos el sueño, somos conscientes de ellos gracias al estado de conciencia subjetiva que comenta Hobson. No obstante, ¿de dónde surge esta conciencia si dos párrafos más arriba decíamos de la inactivación de los sistemas neurales del raciocinio y la memoria? Pues de otra singularidad durante las fases de sueño, durante las que la actividad tálamo-corteza (el tálamo es como la oficina del registro cerebral) sigue con un patrón de actividad muy semejante a la de la fase de vigilia. Y es en esta actividad donde la neurología moderna sitúa las bases neuronales de la consciencia.

Luego ya sabemos cuándo se producen los sueños y cómo, gracias a las especiales condiciones funcionales de inhibición o de activación de sistemas encefálicos, estos nos parecerán caóticos si los recordamos. Hasta cierto punto hay una conciencia de ellos mientras duran, ya que desarrollan un patrón de memoria cuya recuperación es aleatoria tras la vuelta al estado de vigilia.

Así pues, volviendo a mi particular interpretación de las preguntas que han motivado esta entrada

¿Cómo sabemos cuando estamos soñando y cuando estamos despiertos?

¿Cómo distinguir si estamos en un sueño o en la realidad?,

no me queda más remedio que concluir con la siguiente simpleza: nunca serás consciente de estar viviendo un sueño, pero siempre –si no hay condicionas ajenas, como drogas, privaciones o enfermedades que lo impidan- serás consciente de la realidad que vives. Aplica esta regla y sabrás si estás en sueño o en vigilia. Cualquier otra interpretación puede ser objeto de debate filosófico muy entretenido y digno en los círculos culturales… no científicos. A los cuales no renuncio.

Publicado: 11 de Enero de 2016