María Ángeles de la Cruz, María Elena Peña, José Manuel AndreuUniversidad Complutense de Madrid

La agresión sexual es un suceso que provoca en la mayoría de las víctimas una serie de consecuencias que llegan a comprometer seriamente su salud mental (Echeburúa y Corral, 2006). Entre las consecuencias psicopatológicas que pueden estar presentes en las víctimas de estos sucesos, destaca el denominado trastorno de estrés postraumático (TEPT).

Es relevante señalar que el acontecimiento traumático vivido por la víctima es condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo de este trastorno en víctimas de agresión sexual. Sería necesario, por tanto, tener en cuenta la vulnerabilidad psicológica de la víctima en función de aquellos factores que influyen en el impacto de la agresión. Pero no se debe confundir con los factores de riesgo, que se refieren a una mayor atracción del agresor para elegir a una víctima.

En relación con los factores de vulnerabilidad, aquellos que influyen en el impacto psicológico de la agresión, es especialmente relevante tener en cuenta el momento temporal en el que se produce su influencia. En esta dirección, Echeburúa, Corral, Zubizarreta y Sarasua (1995), afirman que la reacción de la víctima ante la agresión sexual y su proceso de recuperación van a depender de los factores anteriores y posteriores a la violación, así como de las características de la misma.

Son numerosos los factores que influyen sobre la severidad de la sintomatología y el proceso de recuperación una vez ocurrida la agresión sexual. Sin embargo, varios estudios sugieren que los factores posteriores a la agresión serían los mejores predictores de la sintomatología reactiva a la agresión. Entre estos factores se destacan los siguientes: las creencias desadaptativaslas estrategias de afrontamiento y el apoyo social.

La mayoría de estudios coinciden en que las personas que realizan valoraciones negativas tras sufrir un trauma tienen mayores tasas de TEPT. Estas creencias desadaptativas desarrolladas a partir del trauma, predicen peores resultados sobre la salud e influyen directa e indirectamente sobre la sintomatología global. Los estilos de afrontamiento han sido escasamente estudiados en relación a las agresiones sexuales aunque sí se han relacionado con el TEPT.

Con respecto al apoyo social, según la mayoría de investigaciones, los efectos de una agresión sexual son menores cuando la víctima cuenta con un buen apoyo social. En concreto, se refieren al apoyo social percibido por la víctima como un fuerte predictor a largo plazo del TEPT, ya que no es suficiente con que exista.

En nuestro estudio, hemos pretendido establecer el poder predictivo de los principales factores de vulnerabilidad posteriores a la agresión sobre la sintomatología clínica desarrollada en víctimas de agresión sexual.

Las participantes fueron 77 mujeres, víctimas de agresiones sexuales en la edad adulta, que acudieron al Centro de Atención a Víctimas de Agresiones Sexuales (C.A.V.A.S.) de Madrid entre los años 2010 y 2013.

En relación a los resultados, éstos han sido consistentes con numerosas investigaciones previas. No obstante, debido a las características especiales de las participantes, el tamaño de la muestra es reducido, por lo que los resultados no se pueden generalizar y deben interpretarse con cautela.

El factor que ha mostrado un mayor poder predictivo han sido las creencias desadaptativas, en concreto las referentes a uno mismo. Otros factores con un elevado poder predictivo, han sido el control presente o control sobre la recuperación y en menor medida la satisfacción con el apoyo social,  que se han mostrado como factores de protección.

Con respecto a las implicaciones de los resultados, en el ámbito terapéutico es importante conocer estos factores predictivos para poder detectar aquellas víctimas de alto riesgo de desarrollar una sintomatología más severa que requieran una especial atención, proporcionando una asistencia individualizada tanto a corto como a largo plazo.

Relacionado con el tratamiento, es relevante mencionar el factor protector que supone el control presente, ya que es uno de los factores con más fuerza predictiva y que puede ser reforzado en terapia tratando de conseguir un mayor empoderamiento de la mujer.

Por otro lado, dado que la satisfacción con el apoyo social se ha mostrado como factor predictor de un mejor ajuste, sería conveniente implicar a la familia o personas allegadas a la víctima en el proceso terapéutico.

En el ámbito forense, las implicaciones de estos resultados pueden ayudar a la comprensión y el análisis de cada caso de forma individual. De este modo, al analizar las secuelas de una agresión sexual, se puede tener en cuenta estos factores predictivos e incorporar en el protocolo de evaluación, instrumentos más específicos.

Finalmente, el conocimiento de los factores predictivos de la severidad del trauma no sólo es importante en relación con el ámbito clínico y forense sino también en relación con la prevención. Entendemos que la prevención no solo debe ir enfocada a las conductas de riesgo sino también a la disminución de los posibles factores predictivos, incorporando tal información a los programas preventivos dirigidos a la población de mayor riesgo.

En concreto, el factor con mayor capacidad predictiva ha sido las creencias desadaptativas sobre uno mismo. Estas creencias de inadecuación personal relacionadas con la agresión sexual pueden verse influenciadas por las falsas creencias o mitos que a su vez existen en la sociedad, acerca de las agresiones sexuales, del agresor y del papel de la mujer como víctima de este delito. Sería conveniente en futuras investigaciones ahondar más en la relación entre las creencias desadaptativas acerca de uno mismo y los mitos sobre la violencia sexual que se encuentran en nuestra sociedad.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista 

Clínica y Salud

:

De la Cruz, M. A., Peña, M. E. y Andreu, J. M. (2015). Creencias desadaptativas, estilos de afrontamiento y apoyo social como factores predictores de la vulnerabilidad psicopatológica en mujeres víctimas de agresión sexual. Clínica y Salud, 26(1), 33-39.

Publicado: 12 de Junio de 2015