La gran mayoría de la atención y cuidados que reciben las personas mayores dependientes es proporcionada por el contexto familiar, y se sabe que cuidar de un familiar mayor con demencia tiene efectos negativos sobre la salud, tanto física (problemas cardiovasculares e inmunológicos) como psicológica (depresión, ansiedad, etc.).

Si bien desde finales de los años 70 hasta la actualidad se han desarrollado diversas intervenciones para ayudar a los cuidadores, las intervenciones psicoterapéuticas cognitivo-conductuales (TCC) son las que cuentan con mayor respaldo empírico para reducir el malestar emocional del cuidador, especialmente la sintomatología depresiva. Estas intervenciones tienen generalmente tres objetivos: reducir la frecuencia y/o modificar creencias o pensamientos desadaptativos relacionados con el cuidado (por ej., “Es egoísta que un cuidador dedique tiempo para sí mismo/a teniendo un familiar enfermo y necesitado”), entrenar en estrategias adaptativas para afrontar el cuidado (por ej., relajación o manejo de comportamientos problemáticos de la persona cuidada) y, finalmente, ayudar a los cuidadores a que aumenten la frecuencia de actividades agradables, aumentando así la tasa de reforzamiento en su vida.

A pesar de la eficacia demostrada de las TCC, algunos estudios muestran que algunas personas no responden de forma eficaz a este tratamiento.  Desde nuestra experiencia clínica, cambiar algunos pensamientos de los cuidadores en relación con sus familiares resulta especialmente complicado y, además, es frecuente que algunos cuidadores presenten dificultades para desconectar durante las actividades de ocio. Además, no es infrecuente observar a cuidadores que dirigen sus esfuerzos a cambiar situaciones difícilmente modificables, lo que conlleva elevados costes emocionales y el distanciamiento de llevar a cabo una vida relacionada con los valores importantes para la persona. 

Las personas que cuidan de personas con demencia se enfrentan a numerosos eventos externos (diagnóstico de la enfermedad, estresores, problemas de memoria, etc.) e internos (emociones, sensaciones, pensamientos desagradables, etc.) en gran medida inmodificables. Por lo tanto, cuidar de un familiar mayor demanda la capacidad de aceptar numerosos eventos adversos, entendiendo esta aceptación como la tendencia activa a experimentar las experiencias internas sin tomar ninguna medida para alterar su forma o frecuencia (Márquez-González, Romero-Moreno y Losada, 2010). 

La actitud contraria a la aceptación es la evitación experiencial, definida como la tendencia a intentar ejercer control o evitar el contacto con experiencias internas negativas, y ha sido relacionada  con mayores niveles de malestar físico y emocional (mayor presión sanguínea, depresión, ansiedad) así como con un mayor uso de estrategias de afrontamiento desadaptativas (Losada, Márquez-González, Romero-Moreno y López, 2014). Esta tendencia impulsa a los cuidadores a centrarse más en eliminar su malestar a corto plazo que en la consecución de metas y objetivos relacionados con sus valores personales (Losada y otros, 2014).

La terapia de aceptación y compromiso (ACT, Hayes, Stroshal y Wilson, 1999) se ha desarrollado como opción terapéutica para personas con problemas psicológicos en los que la evitación experiencial ocupa un papel central. Las intervenciones basadas en ACT cuentan con tres pilares básicos: a) aceptación de experiencias internas aversivas (emociones, pensamientos y sensaciones corporales), b) clarificación y compromiso con valores personales importantes  para la persona y c) realización de acciones comprometidas con los propios valores.

En este estudio, nuestro equipo ha desarrollado y analizado la eficacia de dos intervenciones psicológicas individuales para cuidadores con altos niveles de sintomatología depresiva, una basada en ACT y otra en TCC, que se resumen a continuación:

  • Terapia cognitivo-conductual adaptada al cuidado: consta de 8 sesiones a través de las cuales se entrena a los participantes en habilidades de detección y cambio de pensamientos desadaptativos por otros más adaptativos, estrategias para aumentar la realización de actividades agradables y otras herramientas conductuales dirigidas a mejorar su bienestar (relajación y habilidades para pedir ayuda).

  • Terapia de Aceptación y Compromiso adaptada al cuidado: consta de 8 sesiones estructuradas en torno a los 3 pilares básicos de ACT: aceptación de eventos internos aversivos y las circunstancias que los activan, elección de cursos de acción con significado y coherentes con los propios valores (clarificación de valores personales del cuidador y trabajar sobre las barreras que impiden llevar a cabo acciones coherentes con ellos) y pasar a la acción incrementando la motivación del cuidador para comprometerse con sus valores y llevar a cabo acciones coherentes con los mismos (compromiso o consistencia con los propios valores). Una descripción más completa del programa se puede encontrar en Márquez-González y otros (2010).

Un estudio reciente en el que se han comparado ambas intervenciones muestra que ambas terapias son superiores a un grupo control en cuanto a su capacidad para reducir de forma significativa la sintomatología depresiva y ansiosa de los cuidadores (Losada, Márquez-González, Romero-Moreno, Mausbach et al., en prensa). Tras las intervenciones se observaron cambios clínicamente significativos de la sintomatología depresiva en un gran porcentaje de participantes en las intervenciones, que contrastaron con el grupo control, en el que no se observó cambio clínicamente significativo en ningún participante. Se obtuvieron resultados similares en sintomatología ansiosa, observándose un porcentaje superior de personas que tuvieron un cambio clínicamente significativo tras la intervención, comparadas con el grupo control. Este trabajo ha recibido en 2014 el Premio Rafael Burgaleta, otorgado por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

Hasta donde sabemos, el estudio mencionado es el primer estudio de intervención aleatorizado en el que se analiza la terapia ACT en cuidadores familiares de personas con demencia. Este trabajo concluye que las terapias psicológicas son bien recibidas por los cuidadores, y les proporcionan herramientas para afrontar las demandantes tareas a las que se enfrentan. Dados los resultados obtenidos a través de ACT sobre la ansiedad y la depresión de los cuidadores, nuestros resultados respaldan el uso de esta intervención como un tratamiento viable y efectivo para cuidadores, a la vez que se presenta como una alternativa apropiada para ayudar a cuidadores que sufran importantes niveles de malestar.

Agradecimiento: La preparación de este trabajo ha sido posible gracias a la financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación (PSI2009-08132) y el Ministerio de Economía y Competitividad (PSI2012-31293).

El artículo completo puede encontrarse en la Revista 

Psicopatología y Psicología Clínica

Losada, A., Márquez-González, M., Romero-Moreno, R., López, J., Fernández-Fernández, V. y Nogales-González, C. (2015). Atendiendo a las variadas problemáticas de los cuidadores familiares de personas con demencia: aportaciones de la terapia cognitivo-conductual y de la terapia de aceptación y compromiso. Clínica y Salud, 1, 41-48.

Publicado: 14 de Julio de 2015