Publicado: 24 de Septiembre de 2023

¿Alguna vez has sentido que todos los planetas se alineaban en tu vida? ¿En alguna ocasión las circunstancias fluyeron “solas” para ayudarte a alcanzar tu meta? ¿Has estado pensando en algo y has sentido que el universo te enviaba una señal muy directa del camino que debías seguir? Si es así, es probable que hayas experimentado lo que se conoce como sincronicidad junguiana, un fenómeno que, por su impacto emocional, a veces puede marcar un punto de inflexión en nuestra vida.


¿Qué es la sincronicidad, según Carl Jung?


La sincronicidad no es un concepto moderno, sino que se remonta a los antiguos vedas. Sin embargo, fue Carl Jung quien acuñó este término para referirse a esas coincidencias misteriosas que experimentamos y terminan influyendo decisivamente en nuestro camino o transforman nuestra concepción del mundo.


Jung las definió como “la coincidencia en el tiempo de dos o más sucesos no relacionados causalmente, que tienen el mismo significado o valor para el sujeto que los experimenta. Con el principio de la sincronicidad se plantea la existencia de sucesos o patrones en la psique que son acompañados por acontecimientos objetivos, de gran significación”.


Las sincronicidades espirituales, como también se les llama, en realidad son una extraña e inexplicable conjugación de eventos exteriores con acontecimientos interiores que solo tiene sentido para la persona que los vive. Aunque esos sucesos pueden parecer aleatorios o casuales, están profundamente interconectados con nuestros pensamientos, sentimientos e intenciones. De hecho, la sincronicidad también se conoce como “coincidencias significativas”.


Se trata, en definitiva, de esos momentos significativos en los que la vida da un giro generando nuevas ideas, aprendizajes u oportunidades. Es como si el universo nos tendiera una alfombra roja para ayudarnos a llegar a cierto punto del camino. La sincronicidad es el universo que nos habla directamente.


La naturaleza de la sincronicidad junguiana


La sincronicidad es ese momento en que dices: “¡qué casualidad!”, pero en realidad la casualidad y causalidad tienen poco que ver con este fenómeno. Jung comenzó a reflexionar sobre esas coincidencias extrañas cuando un paciente suyo le estaba contando un sueño en el que había un escarabajo dorado. Justo durante la sesión, Jung escuchó un golpe en el vidrio de la ventana y al asomarse para ver qué ocurría, vio que se trataba de una cetonia, un insecto de color verde dorado parecido al del sueño del paciente. Esa coincidencia le hizo preguntarse si realmente se trataba de un evento completamente casual.


Más tarde, en la década de 1920, Jung tuvo la oportunidad de constatar el fenómeno de la sincronicidad en un nivel vital más significativo cuando viajó a Túnez, los pueblos indios de Nuevo México, y las tribus de los masái en Uganda y Kenia.


Mientras investigaba el inconsciente colectivo, descubrió experiencias muy significativas en la vida de sus pacientes que estaban marcadas por la sincronicidad. Jung estaba convencido de que no eran simples casualidades, de manera que comenzó a explorar este fenómeno junto al físico cuántico Wolfgang Pauli, Premio Nobel de Física en 1945 y paciente suyo durante un tiempo.


Ambos llegaron a la conclusión que, en las sincronicidades, a diferencia del principio causa-efecto en el que es posible seguir un hilo lógico de acontecimientos basado en nuestras decisiones, se aplica una relación simultaneidad-significación. Jung creía que la sincronicidad no es un mero sincronismo, sino que implica la simultaneidad de dos acontecimientos cuyo significado se encuentra en nuestro inconsciente.


Principio de sincronicidad junguiana


Por esa razón, las sincronicidades suelen estar acompañadas de una intensa experiencia emocional, que ocurre al unísono con el evento, el cual tiene invariablemente un carácter simbólico que solo nosotros logramos captar y entender.


Jung fue un paso más allá al afirmar que las sincronicidades son posibles debido a nuestra herencia simbólica (arquetipos) interiorizados a lo largo de los siglos, los cuales conforman el inconsciente colectivo, al que accede nuestra psique para captar los significados del Universo. Y no era el único que pensaba en esos términos holísticos ya que William James había anticipado: “somos como islas en el mar, separadas de la superficie, pero conectadas en la profundidad”.


Jung y Pauli llegaron a la conclusión de que existe una conexión mucho más profunda de lo que suponemos entre el mundo que nos rodea y nuestros pensamientos y deseos. En determinados momentos, esos contenidos psíquicos pueden terminar creando circunstancias coincidentes que solo tienen valor para quienes las viven porque les atribuyen un significado simbólico.


Los 3 tipos de sincronicidades que puedes haber vivido


Según Jung, las coincidencias significativas pueden presentarse de diferentes maneras en nuestra vida:


Coincidencia entre un contenido psíquico y un evento vital concreto. Esta sincronía sorprende por la coincidencia en tiempo y espacio, de manera que podemos sentir que nuestro pensamiento, sueño o deseo se materializa, literalmente, en un acontecimiento concreto. Un ejemplo de esta sincronicidad junguiana es cuando pensamos en alguien que no vemos desde hace tiempo y de repente nos lo encontramos o nos llama.


Coincidencia entre un contenido psíquico y un evento general. Este tipo de sincronía junguiana no siempre nos afecta de manera directa, pero está profundamente ligada al inconsciente colectivo. En este caso, nuestros pensamientos, sueños o deseos parecen conectados con un acontecimiento general que nos impacta profundamente, como pueden ser los sueños premonitorios antes de que se produzcan eventos catastróficos. De hecho, durante los días previos a los ataques del 11 de septiembre, muchas personas reportaron tener sueños premonitorios. Lo mismo ocurrió justo antes de que se desataran las dos Guerras Mundiales.


Coincidencia desfasada. En este caso, existe un desfase temporal entre el contenido psíquico (pensamiento, sueño, deseo) y el acontecimiento, que puede producirse meses o incluso años después. Un ejemplo de esta sincronía junguiana es cuando soñamos algo y meses o años más tarde lo vivimos de manera prácticamente igual o cuando deseamos que algo ocurra de cierta forma y, al cabo del tiempo, realmente se produce, aunque al inicio parecía bastante improbable.


Sintonizando con la sincronicidad


En la sincronicidad, somos nosotros quienes establecemos un vínculo no aleatorio entre nuestro mundo interior y lo que ocurre fuera. Cuando notamos una coincidencia significativa en nuestra vida es porque la necesitamos y de alguna manera la favorecemos.


No es casualidad que, como señalara el propio Jung, los fenómenos de sincronicidad se intensifiquen durante los momentos cruciales de la vida o de nuestra historia colectiva. Por ejemplo, durante un duelo, enamoramiento, embarazo o cambio de ciudad, así como durante las pandemias, fenómenos naturales destructivos o las guerras.


Podemos pensar en la sincronicidad como en el lenguaje del Universo, la vía que elige para hacernos entender que todos estamos interconectados, tanto en el plano físico como como mental y espiritual, de manera que todo lo que nos pasa siempre tiene sentido, solo tenemos que entender su significado.


Por esa razón, aunque las coincidencias significativas suelen ocurrir cuando menos lo esperamos, si queremos potenciar la sincronicidad debemos mostrarnos más receptivos y atentos al mundo.


Cuanto más atentos estemos, más probabilidades habrá de que ocurra algo significativo que pueda convertirse en una señal, desde pequeñas conversaciones hasta una canción en la radio o un encuentro fortuito. A veces solo hay que estar atentos. La clave, en gran medida, es aprender a fluir y no forzar las circunstancias sino vivir lo que ocurre con una actitud abierta y curiosa que nos permita descifrar el significado más allá de lo obvio.


Para aumentar la ocurrencia de sincronicidad también debemos aprender a reconocer e interpretar esos eventos significativos, para lo cual necesitamos conectarnos con nuestra intuición, esa voz interior que nos guía y que a menudo es fuente de sabiduría y trasciende los límites del pensamiento racional.


Cuando prestamos atención a nuestra intuición, podemos discernir el significado más profundo detrás de las coincidencias significativas y contar con una guía valiosa para nuestro viaje personal. Para ello, debemos cultivar la atención plena y la autoconciencia, dos cualidades que nos ayudan a estar más presentes en el aquí y ahora, en sintonía con los signos y señales más sutiles que nos envía el Universo. Así estaremos mejor preparados para reconocer las sincronicidades y aprovechar las oportunidades que nos traen.


Jennifer Delgado Suárez

Enlace: https://rinconpsicologia.com/sincronicidad-junguiana-ejemplos/

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