Un año más, como viene haciéndose desde 2012, se ha publicado el Informe Mundial de la Felicidad correspondiente al año 2015, trabajo encargado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a un grupo de expertos de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible.

A pesar de que la felicidad es un concepto subjetivo, este informe mide variables relacionadas con el desarrollo económico y social de los países, como el Producto Interior Bruto, la esperanza de vida o las políticas públicas para proveer de bienestar a sus ciudadanos. También mide la libertad que éstos perciben para tomar decisiones, sus niveles de ingresos y el apoyo por parte de las instituciones públicas. La felicidad se considera, cada vez más, una medida de progreso social. Algunos gobiernos están empezando a usar la investigación sobre bienestar como una guía para el diseño de los espacios públicos y la prestación de servicios.

Tras una introducción sobre el tema, el documento dedica sus capítulos a las siguientes cuestiones:

En el capítulo 2 se presentan los datos geográficos de los niveles de felicidad en el mundo. La lista de los países más felices está encabezada por Suiza, a la que siguen otros dos países europeos, Islandia y Dinamarca. España ocupa el puesto 36, de un total de 158 países, situándose en peor posición con respecto a otros países de su entorno como Francia (29), Alemania (26), Reino Unido (21), Bélgica (19), Suecia (8), Holanda (7), Finlandia (6) o Noruega (4). Se han detectado pocos cambios en la parte alta de la lista, ya que 9 de los 10 primeros países, también estuvieron entre los 10 primeros en el informe de 2013.

En cuanto a los países que presentan los niveles más bajos de felicidad, la mayoría están en el África subsahariana, y los otros dos se encuentran en situación de guerra (Afganistán y Siria).

El capítulo 3, presenta los datos referidos a las variaciones de los niveles de felicidad, en función del género, la edad y la región del mundo. De forma general, a nivel mundial, las evaluaciones de vida de las mujeres son un poco más altas que las de los hombres, sin embargo, las diferencias en función de la región y entre los grupos de edad son mucho más grandes (somos más felices cuanto más jóvenes, en edades medias caen los niveles de felicidad y se mantienen en esos niveles hasta la vejez).

El capítulo 4, habla de la felicidad como objetivo de las políticas, y explica el uso de la felicidad como la medida de beneficio en el análisis de costo-beneficio. Los beneficios de una nueva política deben ser medidos en términos del impacto que tienen en la felicidad de la población. Esto se puede lograr mediante el establecimiento de un nivel crítico de felicidad extra que un proyecto debe producir por cada dólar de gasto. Esta nueva forma de análisis de costo-beneficio evita muchos de los graves problemas con los métodos existentes, donde el dinero es la medida del beneficio.

El capítulo 5, revisa los resultados en el campo de la neurociencia de la felicidad. La investigación a este respecto identifica cuatro componentes relacionados con el bienestar y sus bases neurales, y lo que es más importante, concluye que los circuitos que identificamos como subyacentes a estos cuatro soportes para el bienestar, exhiben plasticidad y, por tanto, pueden ser transformados por la experiencia y la formación.

El capítulo 6, está dedicado a la felicidad de los niños. Se considera fundamental identificar cuáles son los aspectos del desarrollo de los niños, que influirán en que en un futuro sea un adulto feliz y funcional. Los estudios que hacen un seguimiento a los niños desde el nacimiento hasta la edad adulta muestran que, de las tres características clave de desarrollo infantil (académica, de comportamiento o emocional), el desarrollo emocional es el mejor de los tres predictores, y el rendimiento académico el peor. Se calcula que unos 200 millones de niños en todo el mundo están sufriendo problemas de salud mental diagnosticables, que requieren tratamiento. Sin embargo, incluso en los países más ricos, sólo una cuarta parte están en tratamiento. Dar más prioridad al bienestar de los niños es una de las formas más obvias y rentables para invertir en la felicidad futura del mundo.

El capítulo 7,  profundiza en los valores humanos, la economía civil, y su influencia en el bienestar subjetivo.

Finalmente, en el capítulo 8, se discute la importancia del capital social para el bienestar y describe cómo las sociedades podrían invertir en capital social con el fin de promover el bienestar. Las sociedades con un alto nivel de capital social, lo que significa confianza generalizada, buen gobierno y apoyo mutuo entre los individuos dentro de la sociedad, son conducentes a un comportamiento pro-social.

Se puede descargar el Informe completo en el siguiente link:

World Happiness Report 2015

Publicado: 29 de Junio de 2015