En el mes de mayo, en el marco de la 69ª Asamblea Mundial de la Salud de la OMS, se aprobó el plan operacional de implementación de la Estrategia Mundial para la salud de la mujer, el niño y el adolescente 2016-2030.

La Estrategia, que está estrechamente alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, persigue asegurar que las mujeres, niños y adolescentes puedan ejercer sus derechos a la salud y al bienestar físico y mental, tener oportunidades sociales y económicas y participar plenamente en la configuración de unas sociedades prósperas y sostenibles. 

De esta manera, la Estrategia pretende poner fin en el año 2030 a la mortalidad prevenible de las mujeres, niños y adolescentes de cualquier entorno y parte del mundo y garantizar el acceso universal a los servicios sanitarios y a la educación primaria y secundaria, así como la eliminación de todas las prácticas nocivas, la discriminación y la violencia contra las mujeres y las niñas, entre otros ambiciosos objetivos. Para ello, la Estrategia Mundial proporciona una hoja de ruta que pretende marcar los hitos a alcanzar por los diferentes países de aquí al año 2030, teniendo en cuenta la evidencia disponible de la evaluación de necesidades y de resultados de eficacia de las intervenciones.

Según se expone en el documento, existen ciertos desafíos a los que no se les ha prestado la atención que se merecen, como el desarrollo del niño en la primera infancia, la salud del adolescente o la salud de las mujeres, niños y adolescentes en situaciones de crisis humanitarias y entornos vulnerables. 

Precisamente en relación con estas mujeres, niños y adolescentes que viven en contextos de crisis humanitaria, la Estrategia advierte que presentan un riesgo de morbilidad mayor que la población general, debido a las condiciones de inseguridad, la violencia sexual y la depresión a las que están expuestos. Pese a ello, señala la Estrategia, “la mayor parte de la atención al desarrollo se destina a países y poblaciones en condiciones relativamente estables”, por lo que insta a la comunidad mundial a actuar de manera más ágil e invertir más recursos en ayudar a las personas en situaciones de riesgo. Asimismo, la Estrategia Mundial pretende subsanar esta laguna en la atención humanitaria siguiendo un enfoque de continuidad en la atención, consistente “en abordar las actividades de socorro, recuperación y desarrollo de manera simultánea y coordinada y en incorporar la preparación para situaciones de emergencia en todos los niveles del sistema de salud”

Otro de los aspectos clave de la Estrategia Mundial consiste en adoptar un enfoque de la integración de la salud en todas las políticas, de tal manera que se adopten medidas coordinadas y multisectoriales, en particular en lo que respecta a la malnutrición, la contaminación del aire, la mala calidad del agua, el saneamiento y la higiene, la violencia y las prácticas nocivas y discriminatorias. A este respecto, entre las intervenciones basadas en la evidencia a favor de la salud de la mujeres, niños y adolescentes que subraya la Estrategia Mundial, y que tienen implicación directa con la labor de los psicólogos, figura la prevención de la violencia de género y la lucha contra ella, la atención durante el periodo posnatal de la madre y el recién nacido o el apoyo psicosocial de los adolescentes, entre otras.

Finalmente, la Estrategia Mundial defiende la adopción de políticas y programas orientados a la equidad, que tengan en cuenta las cuestiones de género y estén basados en los derechos humanos, sobre todo para las mujeres, niños y adolescentes en situación de exclusión social y marginalidad. 

Fuente:

Estrategia Mundial para la salud de la mujer, el niño y el adolescente 2016-2030 


Publicado: 18 de Julio de 2016